EL CAMBIO CLIMATICO, LA CARNE Y SU IMPORTANCIA EN LA SALUD

Por: Mvz. Daniela Alvarado - @danialvet



    Actualmente conocemos que la ganadería hace parte de la producción de gases efecto invernadero (GEI), sin embargo, no es el mayor contribuyente ni tampoco la causa del cambio climático por el cual estamos atravesando. Según un reporte realizado por Inventory of U.S Greenhppuse Gas Emissions and Sinks comenta que la ganadería aporta un 10% de las emisiones mundiales.

    La crisis del cambio climático ha generado que una de las estrategias para mitigar los GEI es dejar el consumo de carne, sin embargo, les contamos que este hecho no reduce la producción del CO2, al contrario, ya se conoce que la ganadería bajo pastoreo permite captar mayor CO2 que el producido, siendo así una estrategia magnifica. Un estudio conducido por la Universidad de Michigan State en el 2018 publicado por la revista Agricultural Systems, demostraron que el sistema de pastoreo secuestra mayor carbono en el suelo que el emitido a la atmósfera en comparación con los sistemas de confinamiento. Esta investigación evidencia que la ganadería bien manejada a pastoreo puede contribuir a la mitigación del cambio climático como un sumidero general de GEI a través del secuestro de carbono en el suelo y desafía las conclusiones existentes sobre la intensificación de la ceba a pastoreo. Adicionalmente, Colombia es un país agropecuario que produce carne prácticamente en su totalidad bajo pasturas, por lo cual es ilógico pensar que reduciendo el consumo de carne resolveremos la crisis climática.

ENFRENTANDO EL CAMBIO CLIMATICO A TRAVÉS DE LA GANADERÍA

    Existen prácticas y tecnologías que pueden ayudar a reducir las emisiones, pero no están muy difundidas. Su adopción y aplicación por parte de la mayoría de los productores del mundo puede reducir considerablemente las emisiones. La intensidad de las emisiones (emisiones por unidad de producto animal) varía considerablemente entre unidades de producción, inclusive en sistemas de producción similares. Lo cual explica las diferencias en cuanto a prácticas de explotación y contempla la posible reducción en un 30% las emisiones de GEI si los productores de un determinado sistema de producción, región y clima adoptaran las tecnologías y prácticas utilizadas actualmente por el 10% de los productores obteniendo así una menor intensidad de emisiones (FAO., 2013).

    Las opciones técnicas para mitigar las emisiones de GEI a lo largo de las cadenas de suministro ganadero son de gran importancia considerarlas e implementarlas puesto que asi se logra minimizar el impacto ambiental. Alguna de las estrategias contempladas se dividen en las siguientes categorías: 1) opciones relacionadas con los complementos de los piensos y el manejo de los piensos o la alimentación (sólo para el CH4), donde se contempla el uso de aditivos, taninos, manipulación del rumen, calidad y manejo del forraje, manejo del pastoreo entre otras (Figura 1); 2) opciones para el manejo del estiércol, que incluyen el manejo de la dieta pero que se centran en las opciones “de la etapa final” para las fases de la gestión del estiércol relativas al almacenamiento, la manipulación y la aplicación, donde se contempla manipulación de la dieta y equilibrio de nutrientes, compostaje, aireación durante el almacenamiento del estiércol, temperatura de almacenamiento entre otras; 3) opciones de cría de animales, que incluye las prácticas y tecnologías de manejo animal y reproductivo, contemplando selección genética, sanidad animal, mortalidad reducida y la optimización de la edad de sacrificio. En este contexto, la producción de carne especializada de América del Sur podría reducir el impacto en un 19% a un 30% con la introducción de mejoras factibles como las mencionadas anteriormente (FAO., 2013). Por esta razón tiene un fuerte impacto consumir y apoyar el consumo de carne bajo sistemas regenerativos que implementen estrategias de mitigación y bienestar animal.

    Esto corrobora que el sector ganadero debe ser parte de la solución al cambio climático, las emisiones de GEI son considerables, pero se pueden reducir fácilmente mediante estrategias de mitigación que contribuyan tanto a los objetivos de desarrollo como a los ambientales y comprender que reducir el consumo de carne no es una estrategia que permita solucionar el impacto ambiental, antes si podría repercutir en la salud humana por déficit de aminoácidos.
Una estrategia de poca validez investigativa para reducir las emisiones de GEI es la Jonathan Safran Foer quien postuló que elimináramos todos los productos animales de la dieta, sin embargo, un estudio mostró que si se aplica esto en USA solo habría una reducción del 2.6% en las emisiones de GEI, pero que si evidencia un aumento en las deficiencias de nutrientes. Lo cual es una solución simplista a un problema complejo que va más allá de dejar de consumir carne.

Figura 1: Estrategias y técnicas para la mitigación de las emisiones de gases distintos al CO2 en la alimentación animal de vacunos. FAO 2013. Enfrentando el cambio climático a través de la ganadería.

¿ES BUENO COMER CARNE?

    Durante años el vínculo del humano con el consumo de proteína es muy estrecho pues ha hace al menos 3 millones de años, los homínidos pudieron evolucionar su cuerpo y cerebro, gracias a que la carne es rica en aminoácidos (Williams & Hill, 2017). Sin embargo, actualmente en el medio social escuchamos paradigmas como “la carne roja causa cáncer, obesidad y enfermedades cardíacas”, “los seres humanos no necesitan consumir productos animales para estar sanos”, “la cría de ganado es perjudicial para el medio ambiente”, “no es ético comer animales”, “Si podemos producir carne en laboratorios, ¿por qué deberíamos comer animales?”. Los cuales se han establecido en la sociedad generando una posición de rechazo a la carne, sin haber cuestionado si son reales ese tipo de afirmaciones.

    Las investigaciones han demostrado que el ser humano necesita de la proteína animal para garantizar un nivel apropiado de aminoácidos y asimismo sintetizar proteínas. Se conoce que hay 29 cortes de carne de res que cumplen con los requisitos de etiquetado "magro" o "extra magro" (5 g menos de grasa y 2 g menos de grasa saturada), siendo estos cortes una excelente opción para adicionar en la dieta (Hackney et al., 2019). Adicionalmente, las razones para comprender que la carne es fundamental en nuestra dieta es su valor de nutricional pues una porción de 3 onzas de carne magra proporciona aproximadamente el 10% de las calorías diarias recomendadas, el 37% de vitamina B12, el 33% de zinc, el 25% de niacina, más del 10% de hierro, riboflavina y otros nutrientes recomendados (Hackney et al., 2019). Cabe resaltar que la carne proporciona hierro hemo, el cual es más biodisponible que el hierro de origen vegetal no hemo.

    Otra de las múltiples razones que respaldan a la carne, fue una revisión conducida por Vahmani et al (2020), donde comenta que la carne de los rumiantes es rica en ácidos grasos cis-monoinsaturados saludables para el corazón, omega-3 de cadena larga (n-3) y ácidos grasos, siendo asi la carne una opción de calidad para la población. Además, la carne de los rumiantes es una fuente rica de fosfolípidos bioactivos, así como de ácidos grasos bioactivos derivados del rumen, incluidos los ácidos de cadena ramificada, vaccénico y linoleico conjugado, que se han asociado con varios beneficios para la salud. Los componentes de la carne de los rumiantes poseen un valor sobre las otras carnes, debido a que estos animales poseen rumen, el cual es una cámara anaeróbica con millones de microorganismos encargados de fermentar la hierba y biohidrogenizar ácidos grasos insaturados. El ácido linoleico es uno de ellos y al ser biohidrogenizado se convierte en ácido linoleico conjugado o (CLA), el cual está presente en la leche y carne, trayendo beneficios importantes para la salud del consumidor, entre los cuales se destacan los efectos antidiabéticos (Belury et al., 2003), reducción del desarrollo de arteriosclerosis (Botelho et al., 2007), modulación del sistema inmune (Houseknecht et al., 1998) y efectos anticancerígenos (Dilzer & Park, 2012; Pierre et al., 2013).

Figura 2. Contenido de nutrientes de la carne roja magra. Understanding the nutrition and health claims regulations for Beef. Tomado: https://ahdb.org.uk/knowledge-library/understanding-the-nutrition-and-health-claims-regulations-for-beef

    En este contexto, un artículo publicado por la revista Animal Frontiers de la Universidad North Dakota State recomienda aumentar la ingesta de proteínas en la dieta por encima de la cantidad diaria recomendada para la preservación del músculo esquelético, puesto que la pérdida de masa muscular es progresiva con respecto a la edad, sin embargo, la proporción de proteínas de origen animal a proteínas de origen vegetal seleccionadas por el consumidor es una elección individual llena de varias decisiones éticas, económicas y ambientales. Por esta razón es de vital importancia informar a los consumidores con investigaciones y datos reportados, permitiendo asi que ellos opten por decidir si es bueno o no consumir carne.

LA IMPORTANCIA DE SABER ELEGIR

    La carne es deliciosa, pero esta también es de alto valor nutritivo. Sin duda llevar una dieta sin proteína animal o vegetariana equilibrada, requiere que el consumidor tome decisiones correctas para compensar los nutrientes que aporta la carne. Es curioso observar que muchas personas que optaron por ser vegetarianos retornan a comer carne en menos de un año debido al deterioro de la salud.


    Por tal razón pensar en cambiar la carne y otros alimentos de origen animal por hamburguesas de origen vegetal, realmente no solucionará el problema en nuestro sistema climático y alimentario. Beyond Meat o Impossible Foods son empresas dedicadas a producir carne a base de productos vegetales como la soya y promocionado que podrían salvar el planeta, sin embargo, no proporcionan información a los consumidores sobre cómo se cultivaron esas semillas de soja ¿Utilizaron productos químicos como pesticidas y herbicidas? ¿Cuál es el impacto de un monocultivo para la tierra? ¿Qué daños genera arar repetitivamente la tierra para sembrar algún cultivo? ¿Cuántas abejas, mariposas y aves murieron por causa de los agrotoxicos? ¿Qué impacto tiene sobre la salud humana los residuos de agrotoxicos? Estas preguntas no las tienen en cuenta aquellos que culpan a la ganadería del cambio climático y realmente no es cuestión de dejar de comer carne, es básicamente sobre las decisiones que como consumidores tenemos, pues debemos iniciar a cuestionarnos de donde proviene y bajo qué sistema de producción fue realizado lo que estoy comiendo, independientemente si es carne, arroz o algún vegetal. Entonces aquí radica la importancia de diferenciar como se cultiva la soya, el maíz, los vegetales, como se produce la carne, el cerdo, los huevos y apoyar como consumidores los sistemas de producción sostenibles y regenerativos, sabiendo elegir entre los productos que el mercado nos ofrece bajo la premisa: alimentarnos saludablemente con responsabilidad ambiental.


    En conclusión, decir que tenemos que eliminar la carne debido al impacto ambiental y el maltrato animal es equivalente a decir que no deberíamos comer vegetales y granos, por el daño a la tierra y la mortalidad de los polinizadores. Todos debemos empezar a luchar por un mejor sistema alimentario, y esto debe incluir carne producida sosteniblemente. Comprendiendo entonces que como consumidores tenemos la responsabilidad de elegir el lado correcto de la producción alimentaria mitigando el cambio climático, cuidando nuestra salud y tomando una postura responsable ante el mundo que dejaremos para nuestras generaciones.

PUBICLADO : 23/01/2022 - 8:00 AM

REFERENCIAS

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Isomer, t10c12-CLA, Is Inversely Associated with Changes in Body Weight and Serum Leptin in Subjects with Type 2 Diabetes Mellitus. The Journal of Nutrition, 133(1), 257S-260S. https://doi.org/10.1093/jn/133.1.257S

Botelho, A. P., Santos-Zago, L. F., Reis, S. M. P. M., & Oliveira, A. C. de. (2007). O efeito

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Dilzer, A., & Park, Y. (2012). Implication of Conjugated Linoleic Acid (CLA) in Human

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Hackney, K. J., Trautman, K., Johnson, N., Mcgrath, R., & Stastny, S. (2019). Protein and

muscle health during aging: Benefits and concerns related to animal-based protein. Animal Frontiers, 9(4), 12-17. https://doi.org/10.1093/af/vfz030

Houseknecht, K. L., Heuvel, J. P. V., Moya-Camarena, S. Y., Portocarrero, C. P., Peck, L.

W., Nickel, K. P., & Belury, M. A. (1998). Dietary Conjugated Linoleic Acid Normalizes Impaired Glucose Tolerance in the Zucker Diabetic Fatty fa/fa Rat. BIOCHEMICAL AND BIOPHYSICAL RESEARCH COMMUNICATIONS, 244(3), 5.

Pierre, A.-S., Minville-Walz, M., Fèvre, C., Hichami, A., Gresti, J., Pichon, L., Bellenger,

S., Bellenger, J., Ghiringhelli, F., Narce, M., & Rialland, M. (2013). Trans-10, cis-12 conjugated linoleic acid induced cell death in human colon cancer cells through reactive oxygen species-mediated ER stress. Biochimica et Biophysica Acta (BBA) - Molecular and Cell Biology of Lipids, 1831(4), 759-768.

Vahmani, P., Ponnampalam, E. N., Kraft, J., Mapiye, C., Bermingham, E. N., Watkins, P.

J., Proctor, S. D., & Dugan, M. E. R. (2020). Bioactivity and health effects of ruminant meat lipids. Invited Review. Meat Science, 165, 108114. https://doi.org/10.1016/j.meatsci.2020.108114

Williams, A. C., & Hill, L. J. (2017). Meat and Nicotinamide: A Causal Role in Human

Evolution, History, and Demographics. International Journal of Tryptophan Research, 10, 117864691770466. https://doi.org/10.1177/1178646917704661